¡España, de película!, enfrentará Alemania en final Eurocopa

MADRID.-Inolvidable. España se plantó 24 años después en una final de la Eurocopa por una puerta que no puede ser más grande ni más bonita. Su memorable segunda parte ante Rusia, un ejercicio de maravilloso toque y desmarque, dinamismo y llegada fue una manera de anunciar su favoritismo al mundo.

La sensación rusa de Arshavin y Pavlyuchenko quedó reducida a escombros ante la lección de fútbol combinativo de los Senna, Iniesta, Silva, Cesc y compañía. Alemania tiene muchos motivos de preocupación.

España planteó el partido según su libreto de toque ante un enemigo con menos encarnadura y acero que Italia. El pulso no arrancó como el coser y cantar de la primera fase... pero ese seguía siendo el plan y así se demostró en 45 minutos finales de arte y poderío.

Otra vez Senna plantó su campamento en el mediocampo, supremo al corte y en la salida de la pelota junto con un gran socio como Xavi. España manejó los tiempos e impidió que Arshavin, la mayor amenaza disuasoria de Hiddink, entrase en contacto con el balón. El 10 terminó anestesiado por la pinza Senna, Puyol y Marchena en una perfecta vigilancia zonal y España dándose a un verdadera juerga de fútbol que cuesta trabajo recordar.

El contado peligro ruso de los primeros 45 minutos tuvo más que ver con la movilidad de Pavlyukhenko, un delantero con clase que sabe buscarse la vida por todo el frente de ataque. Ramos -ahora sí, ese impecable elemento del Madrid- sujetó con anticipación y velocidad a Zhirkov, un ciclón por su costado frente a los holandeses. Perfecto el libreto básico de control de los tiempos.

España nunca permitió que se descontrolase el partido, nunca entró en un intercambio de golpes porque Luis sabía que eso no convenía. Ni la lesión de Villa, que obligó a dejar a Torres más solitario arriba, pudo desactivar el vendaval español que quedaba por venir. Cesc es y está para otras cosas, aunque también quedaba mucho descaro e invenciones de Silva e Iniesta, que crecieron 10 cuerpos en la segunda mitad.

España administró paciencia y Torres mucha movilidad. Las mejores ocasiones se repartieron entre ambos bandos en unos 45 minutos más de tanteo. Un par de disparos de Villa, otros que Torres no controló bien y una rosca de Pavlyuchenko seguida de un cabezazo en el que pilló la espalda a Marchena en el único error que cometió en otra actuación impecable, imperial.

La segunda mitad arrancó con el gol de España en una perfecta llegada de Iniesta por la izquierda tras un invento de Xavi. Y a partir ahí, se desencadenó la fiebre, el verdadero calibre español en unos minutos de gusto y autoridad, de pura exhibición en la Europa futbolística. Con Rusia en el purgatorio, llegó otra maravillosa invención de Silva por la izquierda que una rosca mordida de Torres echó a perder.

España carburaba: mandaba en el campo y en el marcador, se veía en la final por juego, por calidad, por toque... Con Rusia en la UCI, España diseñó a su antojo unas cuantas llegadas de ensueño que no terminaron en gol por arte de birlibirloque.

Fueron minutos de toque e invención, de neta autoridad y dominio de la situación. Una orgía de fútbol total. Iniesta y Cesc se sintieron grandes y empezaron a repartir regalos a los demás. A Hiddink no le cabía la camisa en el cuerpo y Arshavin seguía sin aparecer. Tras la crecida, Aragonés metió más carbón con Xabi Alonso por Xavi. Y lo mejor, Rusia siguió a oscuras. Y más con la jugada del segundo gol en una maravillosa arrancada por la derecha que desarboló en pleno a la defensa rusa. El pase de Cesc al primer toque para la vaselina de Güiza fue orfebrería. A partir de ahí, más arte y embrujo en un carrusel de llegadas que culminaron el un antológico tercer gol de Silva.

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